En nuestro anterior artículo comenzamos esbozando un catálogo de buenas y saludables costumbres, todas ellas relacionadas con pequeños cambios alimenticios,  con las que gozar de un mayor bienestar.

Hoy seguimos ampliando esa lista con el deseo de que todos los consejos puedan suponer para ti el acicate perfecto para comenzar, de una vez por todas, a cuidarte.

¡Vamos a por ello!

– Más legumbres 

Ya se ha dicho hasta la saciedad, pero nosotros te lo recordamos: no son las legumbres las que engordan, sino todo aquello que añadimos al guiso en el que las preparamos: tocino, jamón, chorizo, morcilla, etc.

Nuestro consejo: salvo que lo tengas contraindicado médicamente, no te prives de disfrutar de una ración de legumbres con un sabroso acompañamiento, pero procura que sea lo más magro posible y reduce la cantidad a la mitad de lo que tomarías habitualmente.

De esta forma no tienes la sensación de renuncia ni tampoco añades un extra demasiado contundente que sí podría llegar a ser poco recomendable.  Además, si realizas actividad física de manera regular el peso no debería verse alterado en absoluto por este motivo.

Por otro lado, acostúmbrate a añadir verduras, tubérculos, hortalizas y cereales a tus guisos de legumbres (arroz, cuscús, patata, zanahoria, judías verdes, cardos, espárragos, alcachofa, cebolla, tomate,…), que además de mejorar su textura y sabor harán mucho más completo un plato único ya que te asegurarán un correcto aporte de hidratos de carbono, vitaminas, minerales y fibra.

Prueba también la versión más “ligera” de las legumbres, creando con ellas deliciosas ensaladas muy completas con las que añadirás más variedad a tus platos.

– KO al exceso de azúcar

Si eres propenso a buscar entre la letra pequeña de los envases de los alimentos (y si no deberías hacerlo) para informarte de su lista de ingredientes te habrás dado cuenta de que muchísimos más de los que hubieras imaginado llevan –sorprendentemente- azúcar en su composición: pan de molde y precocido, salsas de tomate, conservas, néctares de frutas, preparados lácteos (leche de soja y de almendra, etc.), alimentos infantiles (potitos, sobres de fruta, papillas, etc.), fiambres, masas precocinadas (pizza, hojaldre, empanada, etc.), alimentos congelados,  snacks y aperitivos, etc.

El universo de los refrescos y bebidas carbonatadas es para dedicarles un capítulo aparte.

Su popularidad ha comenzado a caer en picado a raíz de hacerse evidente su escaso valor nutritivo (calorías vacías) y el peligroso riesgo para la salud que supone el hecho de acostumbrarse a su consumo diario.

¿Sabias que la tercera parte del contenido de una simple lata de refresco de cola es azúcar? Imagínate si tienes por costumbre tomar uno o dos vasos de este refresco al día.  Estarías introduciendo en tu cuerpo entre 25 y 50 gramos de azúcar, y solo con esta bebida (recuerda que hay azúcar en muchos de los alimentos que tomamos con frecuencia).

Nuestro consejo: con tan solo limitar el consumo de refrescos a contadas ocasiones prevendrás activamente diversas enfermedades y reducirás considerablemente el consumo calórico innecesario que te puede llevar a ganar kilos de manera considerable.

Por otro lado, acostúmbrate a cocinar tus propios alimentos, dejando atrás las comidas preparadas y precocinadas (igualmente, reduce su consumo a casos muy concretos y excepcionales) para evitar, además, un exceso de aditivos (colorantes y conservantes principalmente) cuyos efectos (en importante cantidad) sobre el organismo aún están por determinar.

Deja de lado los zumos envasados, porque aunque no suelen llevar azúcar añadido sí contienen el azúcar natural de la fruta pero muy, muy concentrado. Con estos preparados estamos además prescindiendo de la fibra naturalmente presente en la fruta, tan necesaria hoy en día ya que no alcanzamos las cifras de fibra recomendadas por los organismos competentes.  Son, por otro lado, alimentos más costosos si los comparamos con la fruta fresca y de temporada.

Para endulzar tus bebidas (leche, batidos, jugos de fruta, café, té, etc.) decántate por el azúcar moreno de caña integral. Aunque tiene un valor calórico muy parecido al azúcar blanco, su riqueza en nutrientes es ligeramente superior (sales minerales, fibra, vitaminas) ya que no ha sido sometida al proceso de refinado.

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– Ajo cada día y te olvidarás del médico

Siempre se ha dicho que el ajo es uno de los antibióticos naturales más potentes, y cada nueva investigación de la que es objeto lo confirma y añade más beneficios a su lista de propiedades.

Sus positivos efectos en el organismo han sido avalados por diversos estudios científicos en los que se ha llegado a la conclusión de que es capaz también de actuar eficazmente contra la tos y el exceso de mucosidad. Sus beneficios sobre el sistema circulatorio también han sido demostrados fehacientemente.

Nuestro consejo: incorpora ajo a todos tus guisos. Prueba a eliminar la parte central para evitar que provoque molestias posteriormente.  Por otro lado, las cápsulas de ajo tienen las mismas propiedades que la versión cruda de este alimento, con la ventaja añadida de evitar el mal aliento asociado.

– A la rica miel

La miel es un alimento tan beneficioso como ancestral.  Ya en la antigua Grecia era considerado un producto sagrado.

A la miel se le han reconocido valiosas y excelentes propiedades antitusivas.

Nuestro consejo: una cucharada de miel a diario, en zumos, batidos y leche, es una elección fantástica para cargarse de energía y sentirse en plena forma.

– Frutos secos, cada día

Han sido los grandes enemigos de la dieta, por considerarse excesivamente calóricos. Sin embargo, la cantidad de grasas presentes en los frutos secos es más que necesaria, ya que es cardiosaludable. Contribuye a reducir sensiblemente las cifras de colesterol LDL y triglicéridos.

Además de esto, se ha demostrado que una ingesta diaria controlada de frutos secos (50-60 gramos por ración) NO influye en un aumento de peso. Por tanto, no renuncies a ellos.

Nuestro consejo: no compres frutos secos fritos. Pruébalos tostados (o tuéstalos tú mismo/a al horno) y en su forma cruda siempre que sea posible. ¿Los más recomendables?, nueces, pistachos, avellanas y almendras.  De ellos, los pistachos son los que aportan menos kilocalorías.

– Un yogur a diario y te sentirás mucho mejor

Es un alimento con un alto valor biológico y cargado de propiedades saludables que, además, resulta ser la base alimenticia de algunas culturas conocidas por alcanzar una gran longevidad.

Un yogur a diario, además de proporcionar una importante cantidad de vitaminas, calcio, fósforo, magnesio y zinc, mantendrá intacta tu flora intestinal.

El yogur es un producto altamente recomendable en cualquier etapa de la vida, siempre y cuando no existan patologías que lo desaconsejen, se tolera mejor que la leche y sus beneficios son mucho mayores.

Si hasta la fecha eras reacio a tomar yogures no olvides sus interesantes propiedades y la inmensa variedad de sabores que existen en el mercado para disfrutar de un alimento tan indispensable como asequible.

Nuestro consejo: Es indiscutible que un yogur entero sabe mucho mejor que su versión ligera, y en el caso de personas que no son asiduas a este alimento, comenzar tomando yogures light puede incluso provocar el efecto contrario y causar rechazo.

Por tanto, salvo que te lo prohíba el médico, puedes tomar yogures enteros, sin descremar. Recientes estudios han confirmado que la leche entera (con la que se elaboran este tipo de yogures) no tiene efectos tan negativos en la salud y que además puede formar parte de una alimentación equilibrada sin alterar el peso.

Hasta aquí algunos de los muchos cambios que puedes implementar para mejorar tu salud y que, en la mayoría de los casos, pueden incorporarse sin que supongan privarse de nada.

Poco a poco iremos añadiendo muchos más, desmontando mitos y alentando al consumo de alimentos que muchas veces se olvidan o evitan por diferentes motivos (alto poder calórico, poca tradición gastronómica, no saber cómo prepararlos convenientemente, desconocimiento de todas sus propiedades, etc.).

Si comulgas con estos consejos o si pones en práctica otras costumbres saludables cuéntanoslo para ampliar mucho más nuestra lista de buenos hábitos. ¡Te esperamos!