Practicar algo de deporte supone dedicar una porción de las horas libres del día, tiempo del que muchas veces no se dispone. Pero en lo que pocas veces se repara es en el hecho de que el ejercicio físico puede implementarse hasta en las actividades más cotidianas sin que nos demos cuenta.

Bajarse un par de paradas antes del lugar de trabajo y caminar a paso ligero diez minutos (ida y vuelta), realizar las tareas domésticas o darse un buen paseo con el perro ya suponen una pequeña aportación a la actividad física recomendada los días en los que, por mucho que nos empeñemos, no encontramos tiempo material para calzarnos las zapatillas de deporte.

Vamos a  imaginar ahora que pertenecemos al (cada vez más numeroso) club de los que adoran practicar todo tipo de bailes de salón varias veces a la semana.

Reunirse con viejos o nuevos amigos para “mover el esqueleto” al ritmo de la música es, en realidad, un ejercicio físico con todas las de la ley que contribuye a entrenar el cuerpo y a despejar la mente de manera manifiesta.

Bailar, solos o en compañía, es mucho más que una actividad socializadora; se trata de una verdadera terapia de choque contra la soledad y un concentrado de beneficios para el organismo.

Elena García, de 43 años, tiene muy claro todo lo que le han aportado, en su cuerpo y en su mente, los bailes de salón:

“Bailar mejora la autoestima y te saca del pozo de la tristeza. Te sientes bien con tu cuerpo y eso se nota en cómo te ven los demás. Haces muchísimos y buenos amigos y ves que poco a poco vas perdiendo la timidez. A nivel físico solo puedo hablar maravillas; mis dolores de rodillas (hasta el punto de que no podía subir un solo peldaño sin sentir dolor) han ido desapareciendo, también las molestias lumbares que padecía desde jovencita; y los síntomas de la menopausia se han mitigado muchísimo. Estoy contentísima, ha sido la mejor decisión de mi vida.”

Como Elena, muchísimas más personas han dejado atrás el pensamiento de que los bailes de salón están destinados únicamente a personas de la tercera edad y comprobado por sí misma el inmenso poder de transformación que dicha actividad ejerce en quien la practica.

Bailes de salón. Innumerables beneficios sin perder el ritmo

Bolero, mambo, chotis, salsa, merengue, rumba, tango, vals, pasodoble,… y así un largo etcétera.

El baile proporciona importantes beneficios físicos y emocionales, sin tener en cuenta la edad y –mucho más importante-  el historial previo de actividad física.

Suena una canción pegadiza y tus pies empiezan a seguir el ritmo.  Aunque los acordes de esa melodía invitan a lanzarse a la pista, no se trata solo de seguir el propio instinto. El baile de salón requiere de una estudiada coreografía para ejecutarse correctamente y brindar un resultado visual muy atractivo.

Es esa necesidad de seguir una secuencia de pasos, controlar los movimientos y también los cambios de ritmo la que implica un ejercicio físico que, dependiendo de la modalidad de baile de salón escogida, puede ser incluso muy intenso y enérgico.

Nuestro sistema cardiovascular en primer lugar, seguido del sistema óseo y el muscular, tienen un enorme aliado en los bailes de salón.

Bailar nos supone una actividad aeróbica que tiene, por tanto, la ventaja añadida de mantenernos en el peso correcto o hacernos perder esos kilos de más que se resisten desde hace tiempo; por otro lado, bailando conseguiremos tener a raya el colesterol “malo” (o LDL) y ayudaremos a conservar unos niveles adecuados de triglicéridos y glucosa en sangre, además de regular la presión arterial.

Bailar de manera regular ayudará a luchar activamente contra la osteoporosis y, algo en lo que pocas veces se repara: el baile contribuye a mejorar problemas y vicios posturales que acaban, muchas veces, en serios y persistentes dolores de espalda.

La musculatura de todo el cuerpo, y no solo de las piernas, trabaja y se fortalece mientras se baila. Es un estímulo a muchos niveles que consigue un bienestar también global.

Con la práctica regular de bailes de salón se adquiere mayor flexibilidad y se gana en agilidad. Así también, el ritmo de la música y la coreografía a ejecutar en cada pieza obligan, además, a trabajar la coordinación y a ejercitar la memoria.

Por último, la música en si misma ya representa una magnífica terapia contra el estrés y la apatía, y unida a los movimientos controlados y armónicos supone una actividad que aumenta la calidad de vida de quien ha hecho del baile su principal distracción.

A tener en cuenta:

– Para llegar a notar los importantes beneficios de los bailes de salón se recomiendan de tres a cuatro prácticas por semana, de unos 50-60 minutos cada una.

– Cada sesión de baile puede implicar un gasto calórico de entre 300 y 400 kilocalorías.

– Antes de comenzar a ejercitarte con esta modalidad debes consultar con tu médico para confirmar que es una actividad beneficiosa para ti.

– Por otro lado, un monitor profesional te asesorará adecuadamente sobre la modalidad de baile de salón más adecuada para tu condición física, aptitud y gustos.

Como ves, ventajas y beneficios para no desmerecer ejercicio que, de manera controlada, ha demostrado ser, además de socializador, un método divertido, distendido y saludable de mantenerse activos y en forma.

¿Nos reservas el próximo baile…?  🙂