Ser diagnosticado de diabetes es, para muchas personas, un jarro de agua fría.

No cabe duda de que las consecuencias de padecer este trastorno endocrino-metabólico de carácter crónico pueden traducirse en diversos problemas orgánicos realmente serios: retinopatía, cardiopatía, hipertensión arterial, insuficiencia circulatoria periférica, neuropatía, fallo renal, coma diabético, accidente cerebrovascular, etc., pero no es menos cierto que, a día de hoy, una persona diagnosticada de diabetes mellitus puede convivir perfectamente con su enfermedad sin modificar en exceso su estilo de vida y, con los debidos cuidados, sin sufrir mayores complicaciones.

Claro que, si el estilo de vida anterior al diagnóstico contemplaba una alimentación rica en grasas añadida a un sobrepeso importante, además de una falta total de actividad física, los cambios a implementar supondrán dar un giro de 180° para garantizar una supervivencia lo más alejada posible de un empeoramiento asociado a la diabetes.

¿Sabías…? El 14% de la población española está diagnosticada de diabetes mellitus en sus dos clasificaciones más comunes: tipo 1 (diabetes insulino-dependiente, o juvenil) y tipo 2 (más conocida como diabetes de adulto), mientras que se estima que un 6% aproximadamente la padece pero no lo sabe. Son cifras que, verdaderamente, llevan a la reflexión.

Lejos de causas genéticas, a día de hoy está más que demostrado que son diversos los factores que contribuyen a la aparición de la diabetes, entre ellos el colesterol elevado, la hipertensión, la edad y, en ocho de cada diez nuevos casos, la obesidad.  Es por ello que una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico, como métodos para controlar el peso corporal, van a contribuir de manera muy directa y evidente en su prevención.

Pero, ¿y qué ocurre cuando ya está diagnosticada la diabetes? ¿Puede el ejercicio físico tener algún efecto positivo y controlar los niveles de glucosa adecuadamente?

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Diabetes y ejercicio físico

Los efectos del ejercicio físico en el control de la glucemia son distintos según de qué tipo de diabetes estemos hablando.

En el caso de la diabetes tipo 1, al tratarse de un problema en el que no hay producción de insulina por la autodestrucción de las células del páncreas, todavía no existen evidencias concluyentes que lleven a determinar su incidencia en el control de la cantidad de glucosa en sangre.  Aun así, la actividad física sigue siendo beneficiosa pues va a contribuir a reducir el riesgo de obesidad y colesterol elevado en este tipo de pacientes.

Ahora bien, la perspectiva cambia al hablar de diabetes tipo 2, pues en este caso hay que referirse a ella en términos de una insulinorresistencia, o resistencia a la insulina.

¿Qué significado tiene este hecho? En la diabetes tipo 2 hay producción de insulina; no obstante, se suceden alteraciones en el transporte y distribución de la misma (debido a una actividad deficiente del receptor insulínico) y ésta no puede ser utilizada por algunos de los principales tejidos del organismo, músculos por ejemplo.  La hiperglucemia es tan solo una de las consecuencias más directas, ya que también cabe referirse a otros efectos colaterales como la alteración en el mecanismo de los lípidos, hipertensión o arteriosclerosis.

Entre los principales factores de riesgo implicados en la aparición de dicha resistencia a la insulina se encuentran, precisamente, el sobrepeso y el sedentarismo. Es por este motivo por el que puede afirmarse que la actividad física va a contribuir muy positivamente a, primero, reducir el peso corporal hasta niveles normales y, segundo, a mejorar la captación de la glucosa, viendo disminuida la necesidad de tratamiento en muchos casos.

¿Qué tipo de actividad física conviene a las personas diabéticas?

Al igual que ocurre con las personas sin patologías, tipo de deporte, frecuencia e intensidad dependerán de varios factores: condición física, experiencia, edad, objetivos, etc. Para ello, un programa personalizado de ejercicio se postula como la solución más efectiva y segura.

En principio, salvo que existan contraindicaciones que lo impidan, podrá practicarse cualquier deporte, siempre bajo la supervisión de un profesional y teniendo especial cuidado de controlar cuidadosamente la respuesta glucémica del organismo.

¿Tienes experiencia con la diabetes? ¿Te supone algún problema añadido a la hora de hacer deporte? Cuéntanos tu caso, ¡te esperamos en los comentarios!