Dolor generalizado, cansancio excesivo, dificultad para dormir, dolor de cabeza, y algunos otros síntomas que pueden ser más o menos acentuados en según que pacientes, son los signos que evidencian que nos encontramos frente a una de las enfermedades de nuestro tiempo (actualmente afecta a casi el 2,5% de la población) y que durante muchos años fue una completa desconocida frente a la ciencia y el propio afectado: la fibromialgia.

La fibromialgia está por descubrir en la actualidad, si bien –en las dos décadas que se lleva investigando a fondo- se han llegado a algunas conclusiones importantes.

La principal de todas es considerar a la fibromialgia como una patología, pues hasta no hace mucho tiempo la base sintomática se daba pero no era reconocida como un conjunto de señales características que la definían.

De momento, los expertos tan solo pueden asegurar determinados factores como desencadenantes y agravantes (estrés físico y emocional, por ejemplo); reconocerle una predisposición genética y una mayor incidencia en el sexo femenino; dar una importancia crucial a la detección precoz; considerar su carácter crónico; mostrar un serio interés por definir unidades específicas en los centros sanitarios e investigar de continuo sobre los posibles tratamientos.

Cuando la fibromialgia hace acto de presencia, la persona ve cambiar radicalmente su vida. Sus esferas laboral y personal resultan seriamente tocadas; y es que cuando existe dolor generalizado y, sobre todo, una enorme fatiga que impide realizar hasta las tareas más básicas, difícilmente puede seguirse con una cotidianidad sin lamentarse o no llevar asociada, incluso, una depresión.

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Fibromialgia y ejercicio

Las personas afectadas de fibromialgia ven muy cuesta arriba la realización de ejercicio como método para paliar los efectos de dicha enfermedad. Sin embargo, y en boca de los especialistas, la actividad física practicada de manera regular y junto a otros hábitos saludables, esto es, la participación activa del paciente, juega un papel fundamental a la hora de llevar una vida lo más normalizada posible.

El sedentarismo no solo agrava los síntomas de la fibromialgia (dolor musculo-esquelético, insomnio, falta de energía, etc.) y –en consecuencia- empeora la calidad de vida de la persona afectada, sino que lleva incorporados otros problemas tales como exceso de peso, diabetes, hipercolesterolemia y cardiopatías, entre muchos otros.

¿Qué tipo de ejercicio se recomienda en la fibromialgia?

Como hemos visto, el ejercicio físico forma parte del tratamiento paliativo de la fibromialgia, debiéndose acompañar de la terapia farmacológica, incluso la psicológica, adecuada para disminuir la evolución de la enfermedad y dulcificar sus efectos.

De igual forma que deberá adaptarse el tratamiento farmacológico a cada paciente, a la hora de elaborar un plan de actividad física para la fibromialgia se tendrán en cuenta las particularidades de cada caso.

El personal médico será quien esté cerca del problema, realizando el diagnóstico clínico, instaurando el tratamiento más apropiado, ajustando las dosis y midiendo su evolución, mientras que el personal trainer acompañará al paciente en su incorporación a la actividad física y elaborará un programa adecuado, tanto en frecuencia como en intensidad.

A nivel de ejercicio físico en la fibromialgia, el principal reto es el de trabajar conjuntamente la fuerza, la flexibilidad y la resistencia del paciente en un nivel óptimo, de forma que puedan obtenerse mejoras significativas (tanto a nivel físico como psicológico) sin sobrepasar el umbral del cansancio, que ya existe de forma habitual en estos casos.

Se ha comprobado que el método Pilates resulta ser una alternativa muy adecuada para tratar a enfermos de fibromialgia. Así también, el yoga se postula como una modalidad gracias a la cual se alcanzan beneficios visibles, sobre todo en el plano emocional.

El objetivo es encontrar una técnica capaz de atacar en los puntos más sensibles de esta enfermedad (dolor físico principalmente) y lograr que el paciente alcance un bienestar tal que se traduzca en una mejor calidad de vida.

El ejercicio físico en la fibromialgia, junto a un conjunto de hábitos saludables y el tratamiento más adecuado, es parte esencial en la reducción de los síntomas de esta enfermedad, pero hay que tener muy presente que, al igual que en condiciones normales, el ejercicio NO logra hacer evidentes sus efectos a muy corto plazo.  Es necesario mantener la actividad física en la fibromialgia en el largo plazo para impedir su evolución mientras se sigue investigando para encontrar la tan ansiada cura.

Los beneficios del ejercicio físico en la fibromialgia, te lo aseguramos por propia experiencia, son palpables.  Si te encuentras en una situación de diagnóstico de fibromialgia nuestro consejo es que empieces cuanto antes a beneficiarte de la actividad física para impedirle que domine tu vida.

Esperamos que esta información te sea de utilidad. Como siempre, si tienes alguna experiencia al respecto nos gustaría conocerla, pues puede servir de ayuda para otras personas.