La actividad física es más que beneficiosa en cualquier etapa de la vida ya que, en cuestiones de salud,  resulta ser una valiosa inversión a medio y largo plazo.

Con el ejercicio procuramos a nuestro cuerpo el billete hacia la prevención de numerosas dolencias, distintos males y muy diversas patologías a las que -con nuestro estilo de vida actual- parece que estamos destinados  (estrés, hipertensión, obesidad, problemas de espalda, migrañas, insomnio,  depresión, etc.).

Puede hablarse, sin temor a equivocarse, que el ejercicio es una de las mejores armas para combatir, pero sobre todo prevenir, muchos de los problemas de salud que pueden acompañarnos a lo largo de nuestra vida.

Por ello no es extraño encontrar remedio para las temidas varices a través de la práctica de ejercicios y deportes específicos destinados a trabajar las piernas y, principalmente, favorecer el retorno venoso.

El ejercicio para mejorar las varices ha de enfocarse como método complementario a los diferentes hábitos higiénico-sanitarios prescritos por el especialista responsable del tratamiento médico, quirúrgico y/o farmacológico, y siempre bajo su supervisión.

Ejercicio físico para las varices

Las varices, además de un asunto estético para quien las padece, son el resultado de una disfunción interna, más concretamente del sistema venoso, y de las dificultades que la circulación sanguínea encuentra en su proceso de retorno al corazón.  La sangre queda acumulada en las venas como consecuencia del mal funcionamiento (debilidad, deterioro) de las válvulas que en condiciones normales se encargan, precisamente, de evitar que esto suceda.

Las válvulas venosas impiden que la sangre se quede estancada y facilitan el flujo de subida hacia el corazón.

Fruto de dicho problema en las válvulas las venas se hinchan y dilatan, y empieza a hacerse evidente un problema de insuficiencia venosa que en la inmensa mayoría de las veces deriva en la aparición de las venas varicosas, o varices.

El ejercicio físico en fases bien tempranas, desde la infancia,  ayudará a fortalecer todo el sistema circulatorio y, en consecuencia, favorecerá también un mejor retorno de la sangre; puede convertirse en el agente preventivo número uno de las varices llegada la edad adulta.  No obstante, cuando nos encontramos ante problemas de insuficiencia venosa crónica cuya causa no está en los malos hábitos (tabaco, alcohol, sedentarismo, sobrepeso, permanecer mucho tiempo de pie, etc.) sino en un origen congénito, entonces podremos utilizar el ejercicio para mejorar los síntomas de las varices (dolor y pesadez de piernas, edema, etc.) y frenar su evolución.

Ejercicios y deportes para las varices

La actividad física específica para las varices tendrá un fin concreto como anteriormente vimos: ayudar a la circulación de retorno, y si hablamos de varices en extremidades inferiores el ejercicio también deberá enfocarse en fortalecer los músculos de las piernas. Así pues, dos serán los frentes en los que trabajaremos, y dos también los métodos empleados para alcanzar el objetivo de mantener a raya las varices y sus manifestaciones más frecuentes.

– Nos centraremos en deportes como la natación y la gimnasia acuática (aquagym), la caminata a buen ritmo y el ciclismo. Estas son actividades especialmente indicadas en este caso ya que mejoran el bombeo de la sangre y ayudan a las válvulas debilitadas, devolviendo mejor la sangre hacia el músculo cardíaco.  Recuerda: “Quien mueve las piernas mueve el corazón”.

También será muy importante la hidratación para mejorar la circulación, tanto antes y durante como después del ejercicio.

– Por otro lado, y sobre todo si nuestra actividad cotidiana se realiza en condiciones adversas a favorecer la circulación de retorno (permanecer mucho tiempo sentados o de pie), realizamos pequeños descansos en los que nos centraremos en estos sencillos ejercicios cuyo fin es el de reactivar la circulación:

1) Trazar círculos con los pies, a ambos lados y durante algunos minutos.

2) Sentados, y sin levantar ambos talones del suelo, elevar y bajar las puntas de los pies.

Ya en casa seguiremos el tratamiento con pequeños gestos que pueden ayudar a complementar una terapia activa y efectiva contra las varices:

  • Andar descalzos y de puntillas durante algunos minutos
  • Tumbados en el suelo y sobre una esterilla,  con las piernas en alto, pedalear en el aire durante algunos minutos
  • En la ducha, alternar chorros de agua templada con agua fría en las piernas, manteniendo el agua fría todo lo que se pueda
  • Después del baño, al momento de aplicar crema hidratante, realizar un masaje drenante linfático (en dirección ascendente, desde el tobillo hacia el muslo) para favorecer la circulación
  • Mientras se realizan actividades en reposo (leer, trabajar con el ordenador, ver la televisión, etc.) procurar mantener las piernas en alto. Bastará colocarlas sobre unos cojines y elevarlas ligeramente para notar los efectos. También es buena idea dormir con las piernas en posición ligeramente elevada, siempre y cuando no existan otros problemas que puedan empeorar con esta práctica.

Esperamos que todos estos consejos te sirvan. Si empleas algún método que te funciona no dudes en comentárnoslo. ¡Te esperamos!