Seguro que oyes, incluso utilizas, determinadas palabras y expresiones en tu día a día pero a la hora de poder explicarlas no sabrías cómo hacerlo para que los demás pudieran entenderte.

A todos nos pasa. Por este motivo, si te ocurre algo parecido con el concepto de metabolismo basal hoy vamos a despejar las posibles dudas para que además de poder conocer que existe, puedas saber exactamente a qué se refiere uno con dicha definición, algo que te vendrá fenomenal para entender muchos de los argumentos que utilizan los expertos cuando hablan en términos de gasto calórico, ingesta diaria total, balance energético, etc. empleando como fundamento principal la tasa de metabolismo basal.

El metabolismo basal está directamente relacionado con situaciones como obesidad, sobrepeso, extrema delgadez y peso adecuado; por este motivo es lógico basarse en él para medir la influencia que el consumo total diario de kilocalorías y el gasto energético que la compensa tienen sobre la capacidad del organismo para encontrar el equilibrio.

El metabolismo basal

Para entender qué es el metabolismo basal vamos a imaginar que pasamos un día entero tumbados en el sofá.

No tenemos la actividad de cualquier otra jornada; no vamos a trabajar, ni a la universidad ni a entrenar como de costumbre. No hacemos nada de lo que hacemos habitualmente, cierto, pero aun así el organismo necesitará durante ese periodo energía suficiente para llevar a cabo funciones vitales tales como respirar, bombear sangre o mantener estable la temperatura corporal.

En otras palabras: para el complejo hecho de mantenerse vivo, el organismo necesita disponer de una mínima cantidad de energía. Ese es el metabolismo basal.

El gasto metabólico basal no es el mismo en todas las personas ya que depende de distintas situaciones (sexo, peso, altura, edad, masa muscular, enfermedad, etc.)

Conforme se cumplen años la tasa metabólica va disminuyendo. Los expertos calculan que a partir de los 40 años, aproximadamente, la necesidad calórica de la juventud disminuye de manera significativa y continúa descendiendo progresivamente. Esto significa que una misma persona no podrá mantener la misma ingesta calórica diaria a lo largo de su vida si quiere conservarse en un peso saludable.

metabolismo-basal

¿Cómo saber cuál es mi tasa metabólica basal?

Cuando alguien acude a un Dietista-Nutricionista para adaptar su dieta a unos requerimientos concretos: entrenamiento de élite, perder o ganar peso, etc., el primer dato que necesitará conocer el experto es el del metabolismo basal, por lo que procederá a su cálculo.

Desde comienzos del siglo XX pervive el método de medición de la tasa metabólica basal  adoptado por James Arthur Harris (botánico y experto en Biometría y Jefe del Dpto. de Botánica de la Universidad de Minnesota entre los años 1924 a 1930) y Francis Gano Benedict (experto en nutrición conocido por el desarrollo de un calorímetro para valorar el consumo metabólico basal). Ambos perfeccionaron una fórmula, conocida como la ecuación Benedict-Harris, para determinar la tasa de gasto metabólico de un individuo en completo reposo.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) también propone su propio sistema, que está indicado –principalmente- en individuos entre los 10 y los 18 años. Para la edad adulta los profesionales siguen confiando en el método Benedict-Harris para el cálculo del metabolismo basal.

Uno mismo en casa puede tener un cálculo aproximado de su tasa metabólica basal realizando la siguiente operación (método Benedict-Harris):

TMB Hombres: 66,473 + ((13,751 x kilogramos) + (5,0033 x estatura en cm) – (6,75 x edad))
TMB Mujeres: 655,1 + ((9,463 x kilogramos) + (1,8 x estatura en cm) – (4,6756 x edad))

El único requisito para obtener unos datos fiables es el de permanecer en completo reposo y no haber ingerido alimento alguno al menos en las doce horas anteriores al cálculo.

¿Sabías que…?

Se puede luchar contra la inexorable merma de la tasa metabólica basal manteniendo una actividad física regular durante toda la vida. La razón es bien sencilla: si hacemos ejercicio nuestra masa magra aumenta, y si ganamos masa muscular obligamos al organismo a disponer de mayores reservas energéticas para mantener el músculo.

Ahí tienes un motivo más para decantarte por la actividad física pero, sobre todo, para hacer del ejercicio físico un hábito constante.

Si es que, como puedes comprobar, ¡todo son ventajas!  🙂