Desde que uno se levanta hasta que se acuesta tiene la agenda cargada de tareas, más o menos urgentes.

Nunca, o casi nunca, esa planificación diaria admite cambios sustanciales, porque las horas del día son las que son, ni una más ni una menos. Modificar ese diario supone de manera inmediata la sustitución de un cometido por otro. Consecuencia: complicar más de lo que ya había.

El ritmo de vida que llevamos hace que sea prácticamente un lujo dedicarse a todo aquello que no suponga ser productivo, pero el rendimiento y la productividad tienen mucho que ver con un correcto equilibrio de las emociones.

Estar estresados y faltos de control no es el mejor escenario para soportar una jornada de trabajo y un sinfín de quehaceres menores que obligan a cuerpo y mente a mantenerse en alerta y a trabajar sin descanso, por lo que lujo no es precisamente cultivar la introspección y la abstracción, sino permitirse todo lo contrario.

El poder de la meditación

Meditar no es un invento de nuestro siglo.

Grandes pensadores, políticos y estrategas bélicos de la historia han utilizado el inmenso poder de este ejercicio mental a la hora de tomar importantes decisiones.

Hoy, la meditación sigue estando a nuestro alcance y no nos pedirá más que la firme voluntad de llevarla a cabo en unas mínimas condiciones ambientales y fisiológicas.

La meditación es una práctica cuya inversión viene siempre expresada en tiempo pero cuya rentabilidad se traduce en un bienestar pleno.

Meditar es, simplemente, pensar. Pero no basta únicamente con pensar en algo pendiente por hacer: “tengo que levantarme para ir a trabajar”.  NO.

Meditar consiste en ir un paso más allá.  Meditar exige, además de un escenario idóneo, una predisposición para alcanzar la exploración de las ideas más profundas, la reflexión de las propias metas y el planteamiento de nuevos retos.

Meditar es un ejercicio de coaching en el que pones en marcha mecanismos de autoanálisis y por el que adquieres las herramientas imprescindibles para potenciarte como persona, modificando todo aquello que te impide avanzar.

Para que entiendas el concepto de la meditación vamos a ponerte una sencilla metáfora:

Imagina que posees un gran saco de monedas de plata con algunas monedas de oro dispersas por el fondo.

Si quisieras coger alguna de esas monedas de oro tendrías que introducir tu brazo mucho más profundamente que de costumbre y rebuscar.
Meditar es como alcanzar alguna de esas monedas de oro. Tendrás que explorar un poco en tu interior; te exige un pequeño esfuerzo, pero te recompensa con algo mucho más valioso para ti.

¿En qué puede beneficiarme la meditación? ¿Qué ventajas tiene realizar meditación?

Como te decimos, el simple hecho de vivir en una sociedad como la que tenemos es ya excusa suficiente para hacer meditación.

La alta competitividad, tanto laboral y académica como también en otras disciplinas como la deportiva, exige de individuos equilibrados y con una sólida preparación para el liderazgo, la consolidación de una marca personal y la consecución de unos objetivos concretos.

En estos escenarios a veces es bueno pararse a pensar para “poner los pies en el suelo”, reconducir conductas y tal vez plantear nuevos retos que pueden estar diametralmente opuestos a los propuestos inicialmente, pero que siempre implican un avance. Lo importante, además, es hacer esa revisión periódicamente para no desviarse mucho de la ruta marcada.

Todo eso lo consigue la meditación.

Una persona que aprende a estar en calma por unos minutos está capacitada para, posteriormente, afrontar misiones difíciles, no viéndolas como obstáculos sino como experiencias vividas,  y es capaz de trasladar esa serenidad a la toma reflexiva de decisiones, a veces de especial trascendencia.

La meditación se refleja, entre otros aspectos:

En el control del estrés y la ansiedad, lo que automáticamente se traduce en un menor riesgo de problemas cardíacos, además de una mejora de la tensión arterial elevada, por ejemplo.

Por otro lado, los efectos de la meditación se dejan ver también en diferentes síndromes conductuales, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y en algunas alteraciones del comportamiento que conducen a determinadas adicciones, como las del alcohol y el tabaco.   Esto NO significa que meditar sea el único remedio eficaz contra estas dependencias, sino que puede servir de terapia coadyuvante y contribuir a reducir el tiempo de reeducación conductual y de mejora de la autoestima.

Mejora de las relaciones con el entorno. De forma paralela a estar en paz con uno mismo, la meditación consigue que la persona mejore su comportamiento social y se muestre dispuesta a romper las barreras que impiden la comunicación, eliminando fricciones.

Mejora de las habilidades cognitivas. Un correcto equilibrio mental incide de manera positiva en la percepción y en el pensamiento subjetivo. Por este motivo se mejora el procesamiento de la información, sirviendo de base para comprender y analizar mejor, tener mejor capacidad de síntesis y una mayor curiosidad también por el aprendizaje.

¿Cómo se realiza la meditación?

Meditar no es una práctica cercana a la hipnosis, sino una actividad despierta y plenamente consciente. Eso sí, el fin no es otro que el de conseguir un estado máximo de relajación pero, al mismo tiempo, de control sobre el cuerpo y la mente.

¿Parece difícil? En absoluto. No llegarás a dominar su técnica en la primera sesión pero el hábito mantenido permitirá alcanzar un buen dominio en pocos días.

poder de la meditación

Vamos a empezar a meditar:

  • Disponte en un lugar cómodo de la casa, en el que no haya distracciones superfluas y que invite a la placidez.
  • Utiliza alguna música suave (esto irá al gusto personal), algún olor relajante (también será una elección completamente personal) y evita una gran entrada de luz en la estancia.
  • Mantener una determinada postura no es tampoco obligatorio. Si te encuentras más cómod@ en posición tumbada podrás meditar así.  Tú debes encontrar tu propio método.
  • Respira profundamente; siente el aire entrar en tus pulmones y concéntrate en tu cuerpo, en cómo reacciona a las nuevas sensaciones. El objetivo es eliminar tensiones, preparar un estado fisiológico idóneo para una buena relajación y un pensamiento profundo, abstrayéndose del exterior.
  • Intenta fijar la mirada en un punto determinado de la habitación para no percibir elementos que te distraigan del objetivo. A continuación realizar un análisis de tus pensamientos, sin pretensiones de ser crítico contigo mismo ni de detenerte demasiado en los errores cometidos, o no al menos de manera destructiva.

Que meditar sirva para observar tu vida, no para juzgarla

  • Intenta visualizarte con una percepción favorable, creando pensamientos de autoaceptación y de valoración positiva.  Alimenta esos pensamientos por el resto del tiempo de meditación.
  • Minutos antes de finalizar mantén los ojos cerrados y permítete una relajación completa.

Como decimos, una sola sesión no es suficiente para apreciar los efectos positivos de la meditación. El hábito hace fácil el camino, pero iniciarse en él abre la puerta al cambio y a las situaciones que nos limitan a diario.

Los cambios deben iniciarse en el interior para que se hagan patentes en nuestra vida.

Y a partir de ahora, ¿te animas a practicar meditación? ¿Ya la haces? ¿Qué efectos has notado? ¿Cómo ha cambiado tu vida? Queremos conocer tu experiencia. ¡Te esperamos!