Ya empiezan a asomar por los estantes las nuevas frutas de temporada. Se van marchando las coloridas y jugosas delicias del verano, pero el otoño nos regala otros nuevos placeres gustativos que es importante reseñar y destacar.

La chirimoya, en este caso, tiene la desventaja de la temporalidad pero esa es, a su vez, su mayor poder de atracción. Saber que una fantástica y sanísima fruta como la chirimoya estará tan solo escasos meses en circulación aumenta su atractivo e invita a disfrutarla mucho más que el resto de frutas que se encuentran fácilmente disponibles durante todo el año.

Pero este factor no es el único por el que la chirimoya se ha convertido en una fruta tan consumida y apreciada nutricionalmente.  Los estudios han arrojado la luz a unas cuantas incógnitas y desmentido las afirmaciones que la situaban como un alimento poco recomendable en dietas para perder peso y han ponderado sus magníficas y envidiables virtudes, que son muchas y dirigidas a muy distintas necesidades. Vamos a ver todo esto a continuación.

Chirimoya, propiedades

Esta curiosa y atractiva fruta tiene un sabor y una textura únicos.  Pocos sabemos definir exactamente las sensaciones que provoca en el paladar, porque se disfruta con el deleite que proporciona tomar algo a cucharadas y, a la vez, no deja de recordarnos que estamos –no ante una contundente tarrina de helado- sino frente a un regalo de la naturaleza nutritivo, sano y del que podemos “abusar” sin remordimientos.

En su punto justo de maduración, la chirimoya no tiene igual.

Merece la pena darle una oportunidad y no dejarse tentar por su aspecto, que realmente no es de los más atrayentes. Su blanca y jugosa pulpa es rica en buenísimas y saludables propiedades.

Es una fruta, muy al contrario de lo que se pensaba, baja en grasas y rica en agua.  También es destacable su importante presencia en potasio y vitamina C. Es, por tanto, un alimento altamente recomendado para luchar contra el envejecimiento, por su función antioxidante, y la retención de líquidos. Gracias a la presencia de estos elementos, además, la chirimoya actúa reforzando el sistema inmunitario y favoreciendo la absorción del hierro en el organismo.

Posee la combinación perfecta (rica en potasio, baja en sodio) para contribuir eficazmente a la diuresis y a equilibrar la tensión arterial, participando además de la mejora de la circulación sanguínea.

Es rica en hidratos de carbono. Los deportistas tienen en la chirimoya un estupendo aliado para obtener buena fuente de energía sin comprometer unos elevados niveles de glucosa. Es, además, muy rica en fibra, por lo que destaca aquí su poder saciante y su capacidad para mejorar el tránsito intestinal.

Junto al potasio no puede obviarse la lista de otros minerales naturalmente presentes en esta fruta tropical, entre ellos: hierro, fósforo, magnesio y calcio.  Además de la mencionada vitamina C, la chirimoya posee cantidades nada despreciables de retinol (vitamina A), que interviene en la formación del tejido óseo y la protección de la piel, y de vitaminas del grupo B.

Con la chirimoya también estaremos integrando una fuente de proteínas al organismo, aunque no muy elevada pero estimable en la ingesta diaria total sin lugar a dudas.

Recientes estudios empiezan a atribuir a sus semillas (que no deben consumirse directamente) propiedades que han demostrado luchar activamente contra el exceso de ácido úrico, las cefaleas, diversas afecciones del colon y frente a los cálculos renales, por lo que no es descartable su utilización en nuevos remedios farmacológicos encaminados a paliar las consecuencias y los síntomas de estas dolencias.

Recomendada a cualquier edad y frente a muchas necesidades nutricionales (entrenamiento físico de intensidad, crecimiento, embarazo,  etc.), y ante un número importante de problemas orgánicos y patologías (estreñimiento, anemia, decaimiento, hipertensión, osteoporosis, etc.), la chirimoya es la gran aliada del bienestar, la mejor indicadora del otoño y todo un placer para los sentidos.

¿Te la vas a perder…?