A menudo asociamos deporte con la edad adulta.

Los niños, tradicionalmente, han tenido siempre una actividad física muy intensa durante todo el día: saltar a la comba o jugar al fútbol en el patio del colegio, montar en bicicleta, jugar a pillar, etc.; por este motivo, no se consideraba la posibilidad de que dedicaran un determinado tiempo al deporte, sencillamente porque tenían perfectamente cubierta su “cuota” diaria de ejercicio.

No obstante, hoy la situación ha cambiado mucho.

En nuestros días los niños han reducido notablemente su actividad, y eso es palpable en las calles de las ciudades, donde apenas se escucha el bullicio de los juegos infantiles.

Después de las clases nuestros hijos pasan buena parte del día frente a un ordenador, el móvil, una videoconsola o asistiendo a clases particulares, donde refuerzan sus conocimientos en un área de conocimiento concreta.

Definitivamente, el sedentarismo se ha hecho un hueco importante en la vida de los más pequeños de la casa, como ocurre con frecuencia en los adultos. Es por este motivo que el deporte ha pasado de ser parte integrante de sus juegos cotidianos a convertirse en una actividad extraescolar que, por otro lado, les proporciona muchísimos beneficios.

Infancia y deporte

El deporte no solo contribuye a que los niños estén en su peso correcto, a mantener a raya una diabetes mellitus tipo 1 durante la niñez y adolescencia y a evitar que padezcan diabetes mellitus tipo 2 en la edad adulta; también influye decisivamente en su crecimiento físico y en el desarrollo de sus funciones motoras.

La práctica de ejercicio físico en la infancia intervendrá también en determinados aspectos psicosociales del niño; factores importantísimos para su correcta autoaceptación y para establecer diferentes vínculos emocionales (relaciones de amistad y empatía, confianza, generosidad, etc.) con su entorno.

Un buen momento para iniciar a los niños en la práctica de alguna actividad deportiva es el comienzo de la etapa de educación primaria, sobre los seis años.

deporte en la infancia

A esta edad el deporte suele incorporarse a sus vidas a modo de juego, de tal forma que supone un momento de distracción y esparcimiento,  y casi siempre se enfoca en los deportes de equipo.

Aprenden con esta elección a practicar y valorar el compañerismo y a desarrollar una mayor socialización. Paralelamente, el deporte colectivo sirve muy positivamente para que el niño entienda la importancia de un buen liderazgo y de los distintos roles dentro de una organización, actitudes que pueden luego extrapolarse a cualquier otro ámbito de su vida.  Aprenden, igualmente, a respetar unas reglas y normas establecidas.

El deporte ayuda activamente a que el pequeño desarrolle una sana competitividad pero también contribuye a que aprenda comportamientos de respeto (con sus rivales, principalmente) en las victorias y actitudes responsables frente a las derrotas.

Es importante tener en cuenta varios aspectos para que la actividad física en los niños sea bien entendida y asimilada por estos:

– El menor ha de desarrollarse en un entorno donde el deporte sea una práctica habitual. El vínculo familiar es el primer espejo en el que el pequeño quiere mirarse, por lo que sus allegados le sirven de principal estímulo.

Padres y hermanos deportistas suelen inculcar en los peques la afición por la actividad física, y ésta debe fundamentarse siempre en el juego limpio y la diversión.

Además de esto, los progenitores juegan un papel fundamental al tener la oportunidad de instruir a sus hijos en la importancia de ser consecuentes con la responsabilidad que supone adquirir un compromiso de trabajo y entrenamiento; su ejemplo es también crucial para que el niño aprenda a ser perseverante para conseguir unos resultados y a no desmotivarse en los malos momentos.

– La elección del deporte adecuado estará siempre supeditada a la condición física del menor, a sus aptitudes y preferencias.  Los padres han de proporcionarle apoyo para que se lance a su elección sin temores y ayudarle a que continúe ilusionado como el primer día.

– El objetivo ha de diseñarse para que el niño no sienta presión por convertirse en el número uno.  La actividad física debe formar parte de un proceso de aprendizaje donde se fomenten los hábitos saludables y se constituya una rutina donde coexistan las obligaciones con los ratos de ocio y disfrute.

¿Tienes peques por casa y ya les enseñas a practicar deporte? Cuéntanos tu experiencia

¡Te esperamos!