Si no la padeces tú es muy probable que alguien cercano a ti sí se encuentre afectado. Y es que en la actualidad, uno de cada cien españoles padece la enfermedad celíaca, o intolerancia al gluten, una patología de la que cada día se habla más, de la que cada día se conocen más datos pero que, contrariamente a lo deseable, todavía no tiene cura conocida.

¿Qué es la intolerancia al gluten?

Celíaco es una palabra de origen griego que significa “que sufre del vientre”. Esto puede darnos una idea muy aproximada de la parte del organismo que se encuentra afectada cuando la intolerancia al gluten se manifiesta: el intestino.

Cuando la celiaquía se hace presente persiste una condición autoinmune (además de una predisposición genética) por la cual no pueden ingerirse alimentos en cuya composición se encuentre el gluten, una proteína presente en la semilla de algunos cereales: avena, trigo, kamut (cereal emparentado con el trigo), triticale (cereal híbrido procedente del centeno y el trigo), cebada, espelta y centeno.

Una persona con enfermedad celíaca no puede ingerir estos cereales en ninguna de sus diferentes presentaciones, como son harinas, sémolas y almidones, ni tampoco integrados en los productos terminados: galletas, pan, salsas, embutidos, cereales de desayuno, medicamentos, etc.

Quizá te haya sorprendido leer que en los embutidos o las salsas está presente el gluten. Lo cierto es que el gluten es un espesante muy interesante en la producción alimentaria, ya que resulta bastante económico,  por lo que vamos a encontrarlo en multitud de alimentos preparados.

Conociendo este dato es importante revisar las etiquetas nutricionales si se está diagnosticado de celiaquía, además de seguir unas reglas básicas de manipulación para evitar la contaminación cruzada.

¿Cómo se diagnostica la intolerancia al gluten?

En la actualidad se sabe que siete de cada diez personas que padecen celiaquía desconocen que lo son.

Existen indicios que pueden marcar el camino hacia un diagnóstico correcto de enfermedad celíaca:

•    Enfermedad de Hashimoto
•    Anemia crónica refractaria
•    Síndrome de Graves
•    Enfermedad de Duhring-Brocq (Dermatitis Herpetiforme)
•    Síndrome del colon irritable
•    Diabetes tipo 1
•    Niños con síndrome de Down
•    Niños con problemas de crecimiento
•    Diarrea crónica
•    Estreñimiento
•    Dolor abdominal persistente
•    Pérdida de peso

En algunos casos, la enfermedad celíaca se presenta junto a otras intolerancias alimentarias, como la intolerancia a la lactosa.

El primer paso para constatar la sospecha de enfermedad celíaca es la realización de un test sanguíneo. Los resultados podrán revelar si existe o no un riesgo de enfermedad celíaca.

Con un resultado positivo del test sanguíneo, la siguiente medida es la confirmación de la intolerancia al gluten a través de una biopsia intestinal.

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¿Qué puede hacerse cuando se ha diagnosticado médicamente la intolerancia al gluten?

Primero de todo, es importante saber que para la enfermedad celíaca NO se conoce cura.

No existen tampoco terapias alternativas para que las personas afectadas por intolerancia al gluten puedan seguir tomando alimentos que contienen esta proteína en su composición.  El único método para evitar sufrir lesiones permanentes en el tejido intestinal es evitar su consumo.

Cuando una persona es diagnosticada de celiaquía suele acudir a la compra con una nueva mentalidad: la de adquirir los alimentos que han sido fabricados expresamente para esta circunstancia.

Inmediatamente sufre el problema compartido por el resto de la comunidad de celíacos españoles: el alto precio de este tipo de productos, que en muchas ocasiones cuadriplica el coste de un producto de similares características (pan, pasta, galletas, etc.) pero con gluten.

Se sabe que un celíaco tiene un gasto anual en alimentación muy superior al de una persona no afectada: de media unos 1500 euros más.

La buena noticia es que padecer celiaquía no lleva implícita la obligación de adquirir alimentos especialmente procesados.  La dieta de la enfermedad celíaca puede ser sana y completa y no necesariamente obligar a hacer mayor gasto.

El consumo de frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, cereales integrales (evitando los que contienen gluten), carnes magras, pescados, aceite de oliva, etc. esto es, una alimentación sana y equilibrada, debe seguirse para garantizar el aporte de todos los nutrientes esenciales y mantenerse sano.

Si no puedo tomar la mayoría de los cereales, ¿con cuáles puedo sustituirlos?

Aunque no lo creas, existen cereales sustitutivos que son muy abundantes en el mercado (arroz y maíz, por ejemplo) y otros  que merece la pena descubrir (quinua y yuca) en sus diferentes variedades para elaborar una diversidad de menús igualmente sanos y sabrosos.

Esperamos que esta información te sirva de ayuda.

Paralelamente a nuestro artículo de hoy te recomendamos que acudas a la web de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) para que te sirva de valiosa guía a la hora de preparar la compra de manera consciente; para conocer los alimentos que contienen gluten; estar al tanto de la reglamentación al respecto; mantenerte informado de todas las novedades que se conozcan al respecto, así como para tomar inspiración a la hora de cocinar con algunas de las recetas más tradicionales en su versión “gluten free”.