A muchas personas, un simple análisis de sangre les detecta una pequeña alteración que les impone modificar determinados hábitos en su vida por otros mucho más saludables, principalmente alimentación y ejercicio físico.

Pero, ¿y si sucede lo contrario? Si decides por tu cuenta iniciarte en la práctica deportiva sin un control previo, ¿sería apropiado?

No estarías haciendo nada nuevo, ya que la inmensa mayoría de los iniciados al deporte tienen en cuenta determinadas pautas previas (una buena equipación deportiva y la organización de la agenda semanal, por ejemplo) pero no reparan en un detalle importantísimo que debe formar de la lista de esos nuevos propósitos: una evaluación previa del estado de salud.

¿Estás en esa situación ahora mismo? Pues entonces el artículo de hoy te va a venir fenomenal para aclarar las principales dudas y, sobre todo, para conocer cuáles son los pasos a seguir para comenzar con buen pie y así contar con las mejores garantías de que todo transcurrirá con plena normalidad.

La importancia de la evaluación previa al ejercicio físico

Tal vez, las preguntas que te estén surgiendo ahora mismo son: ¿Es obligatoria una valoración previa a comenzar a hacer deporte?, ¿por qué debería hacérmela? ¿Con una sola evaluación podría bastar? Y… ¿Cuál sería el protocolo a seguir? Pues vamos a responder a estas y otras cuestiones a continuación.

¿Es obligatoria una evaluación previa?

Es absolutamente recomendable antes de comenzar con cualquier actividad física practicada de manera regular, aunque ésta nos parezca fácil y cómoda de seguir y de poca exigencia física (caminar a diario, nadar varias veces a la semana, bailar, etc.), sobre todo si llevamos mucho tiempo sin conocer nuestro estado de salud general y con más motivo, si cabe, si contamos con un historial previo de sedentarismo durante bastante tiempo.

¿Por qué podría necesitarla?

Por varios motivos:
– Porque sin saberlo podrías tener algunas limitaciones (trastornos metabólicos, problemas cardíacos, alteraciones biomecánicas, etc.) que te impedirían hacer deporte como tú quieres. Unas sencillas pruebas previas podrían detectar posibles riesgos (riesgos cardiovasculares y predisposición a lesiones, por ejemplo) y actuar antes de que se produzca un mal mayor.

– Porque, en caso de conocer que las padeces, se podrían adaptar adecuadamente tanto tus sesiones de entrenamiento (en tiempo e intensidad) como los distintos elementos que deberán ir siempre contigo (calzado especial, medicación específica, etc.), además de contar con el apoyo del profesional para el seguimiento preciso de tus avances y mejoras.

– Para conocer con exactitud el umbral de resistencia de cada aspirante, lo que ampliaría la seguridad a la hora de demandar al organismo un determinado rendimiento.

– Para diseñar un programa de entrenamiento completamente personalizado.

– Para excluir determinadas prácticas deportivas y recomendar las que son convenientes para la persona.

¿Sería suficiente con una sola evaluación inicial?

La frecuencia, incluso el tipo de pruebas a realizar, es algo que debe valorar el profesional, si bien nunca está de más un chequeo periódico de salud aunque todo vaya bien, con mayor motivo si se ha traspasado la barrera de los 35 años.

¿Dónde podría acudir a realizarme una valoración previa al ejercicio físico? ¿En qué consistiría? ¿Quién podría hacérmela?

El primer paso es hacer una visita al médico de cabecera. Este profesional, además de hacer una primera valoración (midiendo la presión arterial, obteniendo el peso y el índice de masa corporal) con la que comenzará el historial médico del paciente, podrá prescribir la realización de pruebas en laboratorio (analítica en sangre y de orina, por ejemplo) y algunas complementarias para obtener datos como el ciclo cardíaco o la densidad ósea.

Paralelamente a esta primera elección, y porque muchas veces el médico no recomienda hacerlo salvo casos muy específicos, sería aconsejable realizarse un test de esfuerzo.  En centros médicos deportivos nos ofrecen la posibilidad de conocer, entre otros datos, nuestra frecuencia cardíaca máxima y por un coste bastante razonable.

Por último, y no menos importante, contamos con un pequeño grupo de expertos al que podremos acudir para completar un estudio previo y comenzar con un programa de entrenamiento serio y completamente adaptado a nuestras necesidades.

Con nuestro informe de salud en la mano, un fisioterapeuta deportivo no solo nos servirá para (en función de la actividad deportiva que hayamos escogido) obtener las indicaciones precisas con las que prevenir las lesiones más comunes dentro de dicha disciplina, sino que –en caso de producirse algún problema específico- como esguinces o haber pasado por una intervención quirúrgica, por ejemplo, nos ayudará a recuperarnos gracias a una correcta técnica terapéutica.

Por otro lado, un entrenador personal será, además del profesional que elaborará un plan de entrenamiento individualizado, nuestro guía en todos nuestros entrenamientos.

La salud es algo que no puede dejarse en manos de cualquiera, y el deporte es un agente impulsor de un estado bienestar a todos los niveles.

Merece la pena hacernos con un completo estudio de nuestro organismo con objeto de conocer la respuesta de éste frente a una determinada exigencia para así obtener todos los beneficios posibles de la actividad física.

Esperamos haberte ayudado a responder todas tus dudas. Y ahora, ¿nos cuentas tu caso?