No cabe duda de que la alimentación es la base de nuestra salud.

Dentro de la lista de alimentos que tomamos a diario hay una comida que adquiere una importancia capital y que, sin embargo, sigue siendo asignatura pendiente en muchos hogares de nuestro país: el desayuno.  Hoy te vamos a argumentar lo necesario de integrar en nuestro día a día la buena costumbre de desayunar y vamos a facilitarte las claves de un desayuno sano y equilibrado.

La importancia de desayunar

Durante décadas, organismos como la OMS o la FAO se han esforzado en hacernos entender la importancia de desayunar bien; y es que no basta con tomar un café antes de salir de casa a toda prisa, sino de sentarse y disfrutar de una primera comida que, según los expertos, debe contener un 25 % del consumo calórico diario recomendado.

Estas instituciones nos han argumentado que desayunar correctamente es imprescindible, al tratarse de la primera toma de alimentos que el organismo recibe después de un buen tramo de horas sin ingerir nada; nos razonan también que hacer un buen desayuno logra ponernos en marcha y permite que nuestro rendimiento (físico y mental) no decaiga a lo largo de las primera horas del día, por no hablar de los ataques de hambre a media mañana y que se traducen en un consumo desmesurado en el almuerzo.

Con un desayuno correcto eliminamos de un plumazo esta circunstancia y nuestro cuerpo mantiene sus niveles de glucosa sin alcanzar las temidas subidas y bajadas bruscas.

Ciertamente, aquellos que hemos vuelto al buen hábito del desayuno completo lo constatamos y no sabríamos explicar con razones científicas las ventajas de hacerlo, pero sí sabemos detectar que con esta costumbre notamos que nos cambia el mal humor mañanero, así que ¡algo de razón sí que tienen estos investigadores! 🙂

Pero ahora, por si había pocos motivos que nos empujaran a desayunar como hacían nuestros padres y abuelos (sentados tranquilamente a la mesa, disfrutando de una buena variedad de alimentos de la dieta mediterránea), surge otro pretexto más: desayunar bien evita la obesidad.

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, AECOSAN, concluye en uno de sus últimos estudios de hábitos alimenticios en niños que la práctica totalidad de niños obesos lo son porque no desayunan de forma adecuada.  En la edad adulta, por otro lado,  las cifras hablan por si solas:  casi un cuarto de la población española masculina es obesa mientras que un 21% de la femenina se encuentra también con este problema.

Las conclusiones son categóricas: buena parte de esas cifras de obesidad podrían reducirse significativamente con una adecuada reeducación alimentaria en la que, por descontado, adquiriría protagonismo un correcto desayuno. Creemos por tanto que abordar este tema nos compete y queremos darle cabida en el blog.

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Las claves de un buen desayuno

Cuando nos planteamos desayunar bien surgen las primeras dudas: ¿el clásico café con leche y tostada?, ¿bol de leche con cereales?, ¿café y una magdalena, o galletas? En definitiva, ¿con qué alimentos estaremos cubriendo nuestras necesidades nutricionales y energéticas con las que poder afrontar la primera parte del día?

Esta es la respuesta a las posibles dudas: al tratarse de una de las comidas principales del día, el desayuno debe contener TODOS los macronutrientes (proteínas, grasas y carbohidratos) y micronutrientes (vitaminas y minerales), además de fibra,  que el organismo necesita a diario pero en una cantidad proporcional.

Partiendo de esta base, en un buen desayuno no deben faltar nunca:

– Cereales. Con ellos recibiremos las dosis necesarias de hidratos de carbono, fibra (si nos inclinamos por la variedad integral) y una buena porción de minerales. Su forma de consumo más frecuente es el pan, pero podremos cambiar incorporando a nuestros desayunos los deliciosos cereales del muesli.

Si eres más de tostada o bocadillo estás de suerte, ya que vas a poder disfrutar de una enorme variedad de panes que harán de tu desayuno un momento diferente cada día.

– Lácteos. Entran aquí en juego el tradicional vaso de leche, pero también todos los derivados de este alimento: yogur, cuajada, batidos y queso (preferiblemente fresco). Gracias a su inclusión en la dieta vamos a consumir las cantidades de calcio que necesitamos, además de proteínas de muy buena calidad, hierro, carbohidratos y vitaminas (vitaminas B2, B3, C y A).

– Aceite de oliva. Debe ser la grasa que más consumamos, no solo en el desayuno sino también a lo largo de la jornada.  El aceite de oliva virgen extra es la variedad más recomendada, y nos proporcionará la necesaria protección contra la enfermedad de nuestro tiempo: la hipercolesterolemia.

Siguen observándose con detalle en nuestros días las propiedades del aceite de oliva, y en diferentes estudios se le atribuyen beneficios notables ante la diabetes en la edad adulta y una participación activa en la mejora del sistema inmunitario. Sin embargo, su principal baza sigue siendo la capacidad protectora de todo el sistema cardiovascular.  Razón de peso para no dejarlo en el olvido y concienciarse de que lo favorable de su consumo compensa su elevado nivel energético. En cantidades moderadas, el aceite de oliva no tiene por qué suponer un riesgo para los kilos de más.

– Fruta. Las vitaminas presentes en la fruta completan las cantidades diarias suficientes de este nutriente, pero tampoco hay que desdeñar la proporción de carbohidratos, agua y fibra.

Entera o en zumos (siempre hechos en casa, no industriales), la fruta debe estar presente, sí o sí, en nuestro desayuno diario.

A partir de aquí las combinaciones y preparaciones que creemos pueden ser múltiples.

El desayuno puede ser todo lo monótono o variado que queramos y debemos personalizarlo a nuestros gustos y necesidades energéticas. Te aseguramos que con tiempo suficiente podemos elaborar desayunos tan completos y sanos como apetitosos.

¿Y a media mañana? Sin duda alguna, necesitaremos añadir algo más de alimento a media mañana para seguir rindiendo con eficacia y eliminar la sensación de vacío en el estómago. En este caso, tomar algunos frutos secos (protectores del corazón, ricos en minerales, fibra, vitaminas y proteínas) puede hacernos continuar con energía, saciarnos y completar nuestro desayuno de forma correcta.

La importancia de la fibra

La fibra es necesaria para el correcto funcionamiento del aparato digestivo, para prevenir diversas patologías (cardíacas y circulatorias en su mayoría, además de algunos tipos de cáncer) y evitar la incidencia de trastornos metabólicos como la diabetes.

¿Cómo es tu desayuno diario? ¿Has visto mejorar tu estado anínimo y tu salud a raíz de cambiar tu desayuno? ¡Cuéntanoslo! 🙂