Casi todos, deportistas o no, hemos sufrido una torcedura de tobillo al menos una vez en la vida.

A veces se produce y causa una leve molestia que se disipa rápidamente y no tiene consecuencia alguna en la futura movilidad, pero en otras circunstancias el esguince alcanza una entidad importante y necesita de un diagnóstico y un tratamiento específicos. Vamos a conocer qué hacer en todos los casos para garantizar una recuperación óptima de la lesión.

Qué es un esguince de tobillo

Para entender bien qué es, cómo y por qué se produce un esguince de tobillo es importante conocer los elementos implicados en este tipo de lesiones, a saber:

– Una articulación; en este caso, la articulación del tobillo. Con mayor frecuencia es la zona inferior de la articulación (astrágalo) la que resulta afectada.

– Los ligamentos que sostienen a dicha articulación.

Los ligamentos son tejidos de naturaleza fibrosa y muy flexible que tienen una función muy definida: mantener los huesos de una articulación unidos entre sí, facilitando su movilidad y ayudando a su correcta estabilidad.

Cuando la región articular del tobillo adopta un movimiento antinatural (un desplazamiento brusco hacia fuera, por ejemplo) los ligamentos sufren un estiramiento excesivo, incluso una rotura, cuya consecuencia más directa es la lesión conocida como esguince. Dicho traumatismo se presenta con dolor (que puede llegar a ser muy intenso), inflamación de la zona afectada, hematoma y disminución de la funcionalidad (rigidez articular).

Dependiendo de cual sea la consecuencia final de distensión de los ligamentos: estiramiento leve, excesivo con rotura de fibras o separación del propio hueso, hablaremos de un grado u otro en lo que a esguinces de tobillo se refiere.

– Esguince de grado I, también son llamados esguinces leves. Hay una ligera distensión del ligamento pero no una rotura fibrilar. Cursan con dolor, hinchazón de la zona afectada e imposibilidad para caminar, aunque curan en un breve período de tiempo sin dejar secuelas.

– Esguince de grado II, o grado medio. En este caso puede hablarse ya de una rotura parcial de los ligamentos, y puede darse el caso también de rotura total.  También cursan con dolor intenso e inflamación, si bien aquí hablamos de tiempos de recuperación más amplios. Raramente necesitan cirugía, aunque puede darse el caso. Suelen curar bien, pero ya se hace necesaria la participación de tratamientos fisioterapéuticos específicos para evitar un nuevo esguince.

– Esguince de grado III o grado severo.  Se produce la rotura completa del ligamento y suele causar con un desprendimiento de éste sobre el hueso. No suele haber dolor y puede derivar en luxación. El tratamiento variará dependiendo del pronóstico, si bien necesitan cirugía la mayoría de las veces.  El tiempo de recuperación es sensiblemente superior a los otros casos; hablamos ya de dos o tres meses, mínimo, para garantizar la vuelta a una actividad física normal.  Todo va a depender de la terapia instaurada (si ha habido o no cirugía, por ejemplo) y de las condiciones físicas del paciente.

IMPORTANTE: ante un esguince (independientemente del grado) siempre hay que acudir al médico.

esguince

¿Cómo se tratan los esguinces de tobillo?

La primera fase consistirá en calmar el dolor y reducir la inflamación. Las siguientes pautas dependerán del grado de severidad del esguince en cuestión, si bien en todos ellos el reposo es imprescindible.

Tras la inmovilización (reposo) y el tratamiento paliativo necesario (hielo en la zona, elevación del pie, compresión, analgésicos para el dolor, etc.) el esguince de grado I, por ejemplo, remite solo y en unos días (una semana aproximadamente) sin requerir ninguna intervención terapéutica posterior, salvo la realización de ejercicios de fortalecimiento de la zona.

En el caso de un esguince de grado II va a ser necesaria una buena rehabilitación funcional para favorecer la recuperación total.

En pacientes que ya han sufrido esguinces de tobillo recurrentes (de grado II principalmente) suele emplearse la cirugía como método para corregir unos ligamentos que han quedado laxos por las continuas distensiones.

Para recuperarse bien de los esguinces de tobillo es importante centrarse en el fortalecimiento de la musculatura implicada, de esta forma se crea un buen sostén que evitará un mal mayor y se facilitará un restablecimiento posterior mucho mejor.  Así también, es imprescindible respetar los tiempos de inactividad indicados por el profesional; saltarse este paso puede imposibilitar la correcta recuperación y predisponer a nuevas lesiones.

¿Cómo pueden prevenirse los esguinces de tobillo?

No existe un método infalible para evitar sufrir un esguince de tobillo ya que pueden confluir diversos factores, y hay que contar siempre con que el tobillo es la zona más expuesta en nuestro movimiento cotidiano, al desplazarnos (caminar, correr).

El porqué hay más personas propensas a sufrir los esguinces de tobillo puede tener un origen genético, ser consecuencia directa de un historial previo de varios esguinces de tobillo (de diverso grado e importancia) o estar provocado por una mala e incompleta recuperación de esguinces anteriores.

No obstante, hay ciertas medidas a adoptar para reducir todo lo posible el riesgo de sufrir esguinces de tobillo en la práctica deportiva:

– Utilizar un calzado deportivo adecuado, que proteja y sujete adecuadamente (sin oprimir) y ofrezca una buena absorción de los impactos.

– Evitar practicar deporte en terrenos irregulares

– Procurar una adecuada adaptación al ejercicio (ejercicios de preparación y calentamiento)

– Evitar el sobreesfuerzo de la zona

– Utilizar vendajes especiales o tobilleras antes de someterse a un entrenamiento

Mantener en buen estado la articulación con la práctica de ejercicios específicos pensados para fortalecer y mejorar la flexibilidad.