Lo sabemos de sobra, porque cada enero se repite la misma situación, entre amigos, compañeros de trabajo, familiares y conocidos.

Lo sabemos bien, porque nos lo cuentan los medios de comunicación y porque así lo constatan las cifras de ventas de libros de nuevas dietas y el aumento de las inscripciones a gimnasios.

Al empezar el nuevo año (momento de buenos propósitos) se desata la fiebre por recuperar un peso adecuado, incluso cuando el problema se haya podido estar acumulando desde mucho tiempo atrás. Y las prisas, que hoy se han hecho compañeras de nuestro día a día, se alían también con el objetivo de perder peso.

Queremos todo pronto, sin pararnos a pensar en el cómo y el porqué. Este deseo, en el universo “dieta para adelgazar”,  se ha convertido en un imperativo, creando el caldo de cultivo perfecto para las llamadas “dietas milagro”.

¿Qué son las dietas milagro?

Propuestas de regímenes de adelgazamiento que prometen grandes resultados en un período de tiempo muy breve.

¿Por qué esperar un año cuando puede conseguirse en un mes?

Cuando en una dieta para perder peso (que, normalmente, se piensa significa privación y sacrificio) se reduce el factor tiempo, ésta acaba resultando una propuesta sumamente atractiva a la que es fácil engancharse, al menos para probar. Si dicha dieta no funciona siempre habrá alternativas (el mercado está lleno de dietas milagro que se adaptan a todo tipo de gustos) con las que seguir persiguiendo un objetivo que parece alejarse cada vez más.

¿Por qué son tan peligrosas las dietas milagro?

Principalmente por estos motivos:

– No están avaladas científicamente

Tan solo por este hecho deberíamos huir de ellas sin dudar. Casi todas las dietas milagro están promocionadas por falsos gurús de la salud (dietistas surgidos de la nada), famosos (modelos, cantantes, presentadores/as) y médicos con escasa reputación entre el colectivo de su especialidad y con un único objetivo: lucrarse a costa del deseo de muchas personas por alcanzar un ideal de belleza impuesto socialmente.

– Los efectos en el organismo pueden ser devastadores

La mayoría de las dietas milagro imponen restricciones de determinados grupos de alimentos (hidratos de carbono principalmente), sobrecargando al cuerpo de proteínas y obligando a órganos como los riñones a un trabajo excesivo. Esta práctica se asocia también a problemas de cetosis, déficit de nutrientes esenciales, diabetes e hipertensión, entre otros muchos.

Otras dietas milagro recomiendan ingestas abundantes (no privarse) durante un período determinado (varios días) seguido de días de ayuno muy restrictivos (no más de 500 kilocalorías al día), lo que desencadena un desequilibrio en los niveles de glucosa, estreñimiento y distensión abdominal, además del riesgo añadido de provocar un estrés metabólico importante. No puede dejar de mencionarse también que este tipo de recomendaciones puede desatar un trastorno de la conducta alimentaria en personas con una cierta predisposición.

– La mayoría de ellas (por no decir todas) provoca una disminución de la masa muscular

Aunque prometan lo contrario, toda pérdida de peso igual o superior a un kilogramo por semana compromete seriamente a perder masa muscular, muy por encima de la grasa.

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– Abonan a quien las sigue a sufrir efectos rebote constantes

Cuando es sometido a una sucesión de ayunos constantes, el organismo “aprende” a adaptarse a la situación acumulando más grasa para aguantar las carencias. ¿Resultado? No solo NO se adelgaza sino que se tiende a recuperar el peso perdido con más rapidez.

– Las dietas milagro no tienen en cuenta aspectos como la vida social 

Estar sujeto a hacer determinadas combinaciones de alimentos, tener prohibidos algunos grupos de nutrientes, verse obligado a reducir la ingesta a un determinado producto durante un tiempo determinado (batidos, potitos de bebé, etc.), comer tan solo a unas horas determinadas (no después de las cinco de la tarde, por ejemplo), etc. dejan a la persona completamente aislada de su círculo social, no permitiéndole mantener en equilibrio el aspecto psicológico.

– Las dietas milagro NO están individualizadas

Son dietas que no contemplan como base el estilo de vida del sujeto, ni su edad o condición física. Al ser recomendaciones generalistas no tienen en cuenta tampoco patologías y diversos padecimientos que se pueden ver seriamente agravados por seguir unas pautas alimenticias inadecuadas. Mucho cuidado con esto.

– Ninguna de ellas se encarga de una reeducación alimentaria

Son dietas que no tienen en cuenta los hábitos que llevaron a una acumulación de peso.  Por tanto, no resultan ser una técnica que logre erradicar conductas inadecuadas.

Muchas veces, tras la ingesta excesiva de comida subyace una causa emocional que no podrá llegar a frenarse con una pérdida rápida de peso pues entonces se requerirá de una terapia más compleja que contemple no solo el aspecto nutricional sino también el psicológico.

Convéncete bien de que las dietas milagro NO son todo lo inofensivas que parecen ser. Anótate estos consejos y tenlos siempre presentes:

1)  A la hora de perder peso no hay que esperar milagros. Sin embargo, un buen aprendizaje  puede obrar el milagro de enseñarnos a comer bien toda la vida

2) Una mala dieta para adelgazar puede acarrear graves consecuencias no solo físicas sino también psicológicas.

3) Adelgazar debe ser un proceso personalizado en el que se estudien las causas objetivas por las que se desea perder peso (salud, imposición estética y social, etc.) y se tengan en cuenta las características de cada persona, además de su estilo de vida.

4) Perder peso, sobre todo si hablamos de una pérdida importante, ha de considerar también establecer de forma permanente unos hábitos de vida saludables que eviten recuperar viejas costumbres que lleven al aumento de peso nuevamente.

Esperamos que no caigas en las trampas de las dietas rápidas y que estos consejos te convenzan de una vez por todas.  Recuerda que ante cualquier duda sobre adelgazar debes acudir a un experto para que estudie tu caso, te aconseje y te siga durante todo el proceso.

Y no olvides nunca:  el peso correcto no se mide en kilos, sino en salud y felicidad. Haz deporte ¡y disfruta de la vida!