Hay sesiones de entrenamiento que se hacen interminables y que mejor no haber empezado nunca. Quien más quien menos lo ha sentido así.

Nada más empezar ya notamos síntomas de estar incómodos, o directamente nos damos cuenta de que así no vamos bien,  y lo habitual en estos casos suele ser desistir y posponer la sesión para otro día.

Pero también puede sucedernos que practiquemos deporte en compañía de otras personas y que, por apuro, no digamos nada y continuemos sin rechistar, a pesar del fastidio que nos supone seguir.  Esta postura puede ser muy arriesgada, porque podemos acabar verdaderamente indispuestos y mucho peor que antes de comenzar.

Veamos qué cuidar especialmente para que podamos minimizar todo lo posible aquellas circunstancias que pueden arruinar completamente una jornada de ejercicio.

Ocho circunstancias que pueden arruinar tu entrenamiento

–  Zapatos inadecuados.  El zapato deportivo es pieza clave en el entrenamiento, y de su correcta elección depende que no provoquemos graves problemas en los pies o que empeoremos los ya existentes.

Hay deportes para los que escoger bien el zapato deportivo resulta esencial, uno de ellos es el running.

Nuestro consejo es que consultes siempre con un experto a la hora de adquirir unas zapatillas de deporte para asegurarte que sean las apropiadas para la disciplina deportiva que practiques y que, en caso de padecer alguna patología específica que requiera de una prescripción de calzado deportivo adecuado, te pongas siempre en manos de un podólogo.

Una de las consecuencias más inmediatas de la equivocada elección del calzado suele ser sentir dolor de pies. En cambio, la aparición de molestas rozaduras está directamente relacionada con el hecho de estrenar el zapato y, a pesar de su aparente nimiedad, puede resultar toda una tortura hasta que consigamos aliviar el problema, porque incluso imposibilitan el uso posterior de cualquier otro calzado.

Las famosas ampollas y rozaduras harán acto de presencia porque la zapatilla deportiva todavía es demasiado rígida en su forma y el material no se ha adaptado aún al uso frecuente, pero también pueden aparecer por escogerla demasiado ajustada, o por no utilizar calcetines (o usarlos mal puestos, formando algún pliegue del tejido).

Procura no comenzar una sesión de entrenamiento demasiado prolongada nada más estrenar zapatillas deportivas, o al menos lleva de recambio unas más antiguas para sustituir las nuevas por éstas si lo ves necesario. Sigue con este método hasta que tus pies se acostumbren bien al nuevo calzado y éste haya cedido lo suficiente.

Pasar frío.  Tener frío es una sensación verdaderamente incómoda. Con una temperatura corporal bajo mínimos es harto complicado moverse, porque el frío nos paraliza, y, además, si se entrena en estas circunstancias podemos conseguir alguna que otra lesión.  Una ropa deportiva inadecuada, o escasa, suele acarrear consecuencias como estas.

En climas fríos procura aislarte bien con prendas interiores térmicas, pensadas para conservar el calor corporal y facilitar la transpiración.  Y si eres de los que gusta hacer deporte aun en días lluviosos, colócate un buen chubasquero con capucha, utiliza una gorra para que la visera te permita mejorar la visibilidad,  protege los objetos electrónicos (como smartphone, reproductor mp3, etc.) de las inclemencias externas y lleva una muda seca completa para cambiarte en cuanto tengas ocasión para llegar a casa seco/a y nuevamente cómodo/a.

Llevar mucha ropa.  Colocarse capas y capas de ropa puede que funcione en la vida diaria, pero no es la fórmula más efectiva a la hora de hacer deporte.  La imposibilidad de moverte bien impedirá que practiques tu sesión de entrenamiento con eficacia y seguridad.

Llevar mucha ropa no es la solución para disminuir la sensación de frío.  La respuesta a las bajas temperaturas debe ser siempre el uso de prendas deportivas desarrolladas específicamente para aislar convenientemente y mantener el calor corporal.  Consulta con tu entrenador o un experto en material deportivo para que te aconseje bien.

Ropa interior mal escogida.  Otro motivo más por el que arrepentirse un día cualquiera de haber empezado una sesión de entrenamiento es tener la sensación de que algo que llevamos puesto por dentro nos aprieta o nos está causando un roce constante y provocando pequeñas lesiones en la piel.

Escoger bien el sujetador deportivo es indispensable, no solo para impedir indeseables efectos derivados de una mala sujeción sino también para prevenir roces y heridas que pueden llegar a ser verdaderamente molestas y dejar incluso cicatrices si se producen erosiones profundas o muy continuadas.

Por otro lado, bragas y calzoncillos han de adaptarse también al cuerpo como una segunda piel, estar fabricados con elásticos suaves, no dejar holguras que puedan ocasionar pliegues ni poseer costuras en relieve o añadidos (como encajes, por ejemplo) que puedan causar picores o irritación.

No ir bien equipados.  Puede que para iniciar una caminata a paso ligero no necesitemos mucha equipación, pero no se entiende una salida en bici sin un casco o unas acrobacias en monopatín sin una protección en la cabeza, las rodillas y los codos.

Aunque nos lleve más tiempo estar listos para salir sin duda alguna merece la pena, pues la integridad física está en juego.  No lo olvides.

Entrenar después de una comida excesivamente condimentada. Que levante la mano quien no haya tenido alguna vez una opípara celebración gastronómica en la que ha probado de todo y en cantidades generosas.

Platos demasiado aliñados o con ingredientes de los que el estómago se anda acordando todo el día (ajo, cebolla, salsas, adobos, picantes, encurtidos, etc.) son el enemigo número uno de una sesión tranquila de entrenamiento.

Deberás organizarte para no hacer coincidir un compromiso de este tipo con actividad física. Un día así hay que conformarse con un buen antiácido para el estómago y, a lo sumo, un tranquilo paseo para disminuir la sensación de pesadez.

Hacer ejercicio sin haber dormido bien.  Hacerse el valiente sin descansar bien la noche anterior puede acarrear consecuencias. Las más leves: desgana y mal humor; las más importantes: falta de concentración y coordinación y, como consecuencia de ello,  caídas, torceduras, etc.

Aplaza tu jornada de entrenamiento y regálate mejor algún masaje relajante y una buena cura de sueño.

Comenzar sin calentar debidamente. Hacer ejercicio es una tarea como cualquier otra, y como tal requiere de un proceso secuencial y ordenado. Empezar rápido para terminar antes en un error del que podemos arrepentirnos, así que mejor dedicarle su tiempo organizando mejor la agenda.

Hasta aquí mucho de lo que nos impide concentrarnos y rendir adecuadamente a la hora de iniciar nuestra sesión deportiva favorita.

Puede que te hayas sentido identificad@ con alguna de estas situaciones. ¿O te ha ocurrido algo distinto?, en cualquier caso cuéntanoslo, seguro que aprendemos de ello para no fallar 😉